Sensores infrarrojos pasivos
La radiación infrarroja se sitúa en el espectro electromagnético entre la luz visible y las microondas. Se trata principalmente de radiación térmica y se genera por el movimiento de átomos y moléculas en un objeto. Esto significa que cualquier objeto con una temperatura superior al cero absoluto, incluso un cubito de hielo, emite radiación en el rango infrarrojo. Cuanto mayor es la temperatura, más se mueven los átomos y moléculas y más radiación infrarroja producen.
La radiación infrarroja producida por los seres vivos no es homogénea, lo que se hace claramente visible al utilizar una cámara de infrarrojos. Debido a su temperatura corporal de 37 °C, los seres humanos irradian intensamente en la gama infrarroja, con una longitud de onda de unos 10 µm. Las distintas partes del cuerpo emiten diferentes niveles de radiación; la boca, por ejemplo, está mucho más caliente que los dedos. Esto significa que la radiación infrarroja emitida por la boca es más intensa que la emitida por los dedos.
Los sensores infrarrojos pasivos (sensores PIR) también funcionan en la gama de longitudes de onda de 10 µm y permiten utilizar la radiación infrarroja para la detección de movimiento, ya que responden de forma óptima a la radiación térmica de una persona o animal. Infrarrojo pasivo significa que los sensores no emiten ningún tipo de radiación, sino que sólo la reciben. A partir de ahí, el detector analiza las señales de los sensores y conmuta la luz en consecuencia.
La sensibilidad de los sensores puede ajustarse a voluntad
Para detectar el movimiento, los rayos IR deben llegar a los sensores. Como la radiación se debilita con la distancia, el sensor puede detectar mejor el movimiento a una distancia de 2 metros que a una distancia de 20 metros. Sin embargo, el movimiento también puede detectarse a una distancia de 20 metros. Esto depende de la cantidad de calor emitida. Un ratón emite menos calor que una persona, mientras que una locomotora en funcionamiento, por ejemplo, emite bastante más calor que una persona.
Si el detector es de buena calidad, es posible ajustar la sensibilidad de los sensores según lo necesario. Este ajuste determina la cantidad de calor a partir de la cual el sensor debe responder. Las pequeñas cantidades de calor emitidas, por ejemplo, por un gato serán obviadas. Sin embargo, el detector puede llegar a encender la luz si detecta el calor emitido por un animal más grande, como por ejemplo, un perro. Es necesario encontrar un punto medio ya que, si se reduce aún más la sensibilidad, se corre el riesgo de dejar de detectar los movimientos de los niños pequeños.
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